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San Martín y los hispanistas
Hay una cuestión llamativa en ciertos sectores del hispanismo argentino: en nombre de la defensa de España y de la tradición hispánica, terminan denostando a José de San Martín, llegando a presentarlo como agente británico y a utilizar su pertenencia a la Logia Lautaro como prueba de esa supuesta subordinación. El caso de Patricio Lons ( que no es historiador) es el más representativo, aunque hay muchos.
29/08/2026
Por Silvina Batallanez
Hay una cuestión llamativa en ciertos sectores del hispanismo argentino: en nombre de la defensa de España y de la tradición hispánica, terminan denostando a José de San Martín, llegando a presentarlo como agente británico y a utilizar su pertenencia a la Logia Lautaro como prueba de esa supuesta subordinación. El caso de Patricio Lons ( que no es historiador) es el más representativo, aunque hay muchos.
Revisar a San Martín es perfectamente legítimo. Los próceres no necesitan ser estampitas. Pero una cosa es revisar la historia y otra muy distinta es llegar a conclusiones a través de asociaciones.
San Martín estuvo en Londres.
San Martín perteneció a la Lautaro.
Esta logia tuvo elementos vinculados con las sociedades masónicas.
Inglaterra tenía intereses económicos en América. De esos hechos se construye una cadena: Londres, masonería, Lautaro, intereses británicos y, finalmente, San Martín como supuesto agente inglés. Pero una asociación no es una prueba.
Que varios hechos coincidan, no demuestra por sí mismo que exista entre ellos una relación de subordinación. Para afirmar que San Martín fue un agente británico habría que demostrar algo mucho más concreto: que recibía instrucciones de Gran Bretaña o que actuaba bajo sus órdenes. Eso es lo que debería probarse.
Que Inglaterra se beneficiara de la independencia americana es cierto. Que tuviera intereses económicos y estratégicos, también. Pero beneficiarse de un proceso histórico no significa necesariamente haberlo creado ni controlar a todos sus protagonistas.
La Lautaro tampoco puede analizarse con categorías actuales. A comienzos del siglo XIX no existían los partidos políticos modernos. Las sociedades secretas, clubes y logias cumplían funciones de organización política que posteriormente asumirían los partidos. San Martín perteneció a la Logia Lautaro, una organización política secreta vinculada al proyecto emancipador americano.
Y aquí aparece otra confusión frecuente: "logia" no significa automáticamente "masonería". La relación entre la Lautaro y la masonería es una cuestión historiográfica discutida. Tuvo elementos organizativos y rituales semejantes a los masónicos, pero reducirla simplemente a una logia masónica y utilizar eso como prueba de una conspiración británica es una simplificación.
Y aun aceptando que San Martín hubiera tenido vínculos masónicos, queda pendiente demostrar algo completamente diferente: que por ello era agente de Inglaterra. Nuevamente: una cosa no demuestra la otra.
Con el problema del falso dilema la confusión más profunda sea creer que para reivindicar la herencia española hay que atacar a San Martín. Y no. Se puede valorar profundamente la cultura, la lengua y la tradición hispánica y, al mismo tiempo, reconocer que los americanos teníamos derecho a independizarnos políticamente.
San Martín, además, no fue un extraño al mundo español: nació en el Virreinato del Río de la Plata, se formó militarmente en España y combatió contra Napoleón. Era un hombre profundamente formado en el mundo hispánico que terminó defendiendo la emancipación americana. Convertirlo en un simple instrumento de Londres borra justamente aquello que estos discursos dicen defender: la capacidad de los pueblos hispanoamericanos para hacer su propia historia.
San Martín no necesita ser un santo. Pero tampoco necesita ser convertido en traidor para demostrar una teoría. La historia no se demuestra acumulando asociaciones. Se demuestra estableciendo relaciones causales con documentos y pruebas. Si fue un agente británico, que aparezcan las pruebas. Mientras tanto, revisar la historia es saludable.
Reemplazar un prócer por un conspirador, simplemente porque no encaja en nuestros pensamientos conspiranoicos, no es revisionismo, es cambiar una estampita por otra. Y eso no es historia.