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Escatología, simulacro y catacumbas
Por debajo de este proceso fluye la idea rectora de Margaret Thatcher: «La economía es solo la herramienta; el objetivo es el alma del hombre». Quebrarnos espiritualmente.
19/10/2026
Por Matías Perrone
I. La trampa del análisis politológico
Por debajo de este proceso fluye la idea rectora de Margaret Thatcher: «La economía es solo la herramienta; el objetivo es el alma del hombre». Quebrarnos espiritualmente.
Durante medio siglo, una casta de simuladores habló en su nombre para hacer exactamente lo contrario. Destruyeron la producción, rifaron la soberanía, endeudaron al país y cambiaron la figura del Trabajador por la del Pobre, reduciendo un proyecto de grandeza nacional a una fábrica de asistencialismo y dependencia.
Se terminó el ateísmo cool que imperaba desde los ’90. El pueblo se aleja de la política ficcional y busca recuperar su fe.
En el marco de este proceso, la juventud nacionalista busca recuperar la memoria de su patria sobre la primacía del espíritu.
Hace décadas que los medios y la academia pretenden explicar la marcha del mundo desde corrientes dominantes que se debaten entre un mundo unipolar vs multipolar, democracia vs autoritarismo, izquierdas vs derechas. Ese molde interpretativo actualmente ha quedado completamente obsoleto, ya no engaña a nadie; es imposible entender realmente lo que pasa pensando de esa forma.
Pensemos en la guerra en Ucrania como la escalada en Medio Oriente —con el choque directo entre Irán, Israel y el eje anglosajón. O en los pueblos europeos en donde nadie entiende por qué tendrían que tener una guerra contra Rusia; los analistas de los medios no logran convencer a nadie con explicaciones que desafían el sentido común y la propia supervivencia de sus naciones. Lo mismo ocurre con las llamadas «crisis migratorias» en Europa, que lo son solamente en la superficie. En nuestra propia región, este avance se manifiesta en la captura sistemática de los gobiernos de Iberoamérica a manos del sionismo. En Venezuela tuvieron que apelar a la fuerza militar norteamericana, al no poder quebrar al país por las vías que funcionaron en el resto del continente; mientras que en Brasil el cerrojo se consuma por ambos extremos: ya sea que gane Bolsonaro o que logre dar vuelta la elección un Lula que ya venía operando como aliado y vector de estos intereses, y que tras el golpe de la primera vuelta electoral quedará aún más condicionado.
Detrás de este tablero opera una convergencia estratégica: doctrinas en apariencia antagónicas coinciden tácticamente en acelerar un choque global terminal, convencidas de que el orden mundial solo puede refundarse mediante una crisis de proporciones catastróficas.
Frente a esto, la politología oficial insiste en explicar cada movimiento global como la consecuencia del control de recursos, rutas comerciales, escaladas bélicas, etcétera. Pero nuestra meta política nos exige volver a lo que advertía Primo de Rivera: en el fondo de toda gran cuestión política late siempre una cuestión teológica. Y en el plano de la dinámica de dominación internacional, fue Juan Domingo Perón quien en nuestra propia historia denunció la acción de la Sinarquía, señalando cómo factores aparentemente opuestos —el capital financiero, el marxismo, el sionismo, las logias masónicas y los sectores infiltrados de la jerarquía eclesial— convergen tácticamente en sus intereses y operan de forma coordinada contra las nacionalidades.
Mirar estos acontecimientos desde una clave teológica, escatológica y revisionista no es un desvío místico, sino la única forma de no perderse en una descripción superficial y exotérica de los hechos.
II. La jaula digital y los búnkeres de la distopía
En la vida cotidiana, el proceso es inverso: aislamiento y encierro. La omnipresencia de las pantallas disuelve los lazos comunitarios y empuja a las personas a una soledad profundizada por la malaria económica y la adicción a la pantalla.
Como vectores visibles de esta maquinaria, los mismos magnates tecnológicos que promueven el aceleracionismo y anuncian el peligro apocalíptico de la Inteligencia Artificial, construyen mega-búnkeres en lugares remotos. La edificación de estos refugios opera como una profecía autocumplida: son ellos mismos los agentes que propician y aceleran los escenarios distópicos en los cuales dichos búnkeres se volverán indispensables para su propia conservación.
III. El agotamiento del simulacro democrático
En la política ocurre lo mismo. La democracia formal se ha revelado como un consenso de élites amañado: un teatro donde cambian los gobiernos pero las directrices económicas y la condición colonial no se tocan.
En la Argentina la sociedad suele dividirse en Tercios: la posición antinacional, la nacional y la que oscila entre ambos polos. Actualmente hemos pasado a un esquema de Cuartos, ante la enorme abstención de quienes se refugian en su vida privada asqueados ya de todo tema político.
En la juventud opera la misma partición, aunque bajo un asedio diferente. A los jóvenes también se los ataca con crudeza: si a los adultos las deudas y las responsabilidades familiares les devoran la energía, a la juventud —además de la penuria económica y laboral— se la busca anular deliberadamente desde el plano cultural, mediante el consumo de basura en las redes, la degradación musical y el veneno de las drogas en la vida cotidiana. Y sin embargo, por disponer de mayor tiempo y energía vital, siguen siendo históricamente el sector más dinámico de la sociedad.
El dato singular y positivo de nuestra hora es que, a diferencia de generaciones anteriores, el sector de la juventud que hoy busca el camino nacional sale indemne de las trampas del régimen: ya no cae en la falsa opción del progresismo kirchnerista. Completamente agotado en mística y sin cargos que repartir, ese aparato prebendario ya no convence a -casi- nadie. Esta juventud creció viendo gobernar a todos los partidos, vio a sus padres discutir con fervor militante para terminar todos empobrecidos. Y sobre todo, presenció el pacto de toda la dirigencia para reemplazar el trabajo en blanco por planes sociales y monotributo.
IV. La ruptura hermenéutica: volver a las fuentes
Ese desengaño no los llevó al cinismo, sino a buscar en las fuentes directas. En nuestro país, esa búsqueda conduce a un solo lugar: el pensamiento de Juan Domingo Perón, sin distorsiones kirchneristas, llegando directamente a sus libros, su propia palabra.
Pero la farsa se cae cuando se leen los textos fundacionales. Quien acude a La Comunidad Organizada o al Modelo Argentino descubre que el justicialismo jamás propuso administrar la pobreza, sino una mística del trabajo y la realización comunitaria.
V. La roca firme: Fe y Nacionalismo
En medio de la descomposición general, lo que asoma en este sector de la juventud es un renacer espiritual, que coincide con el renacer espiritual de la sociedad toda, casi tres millones de personas caminaron 60km a Luján, de corrido. La peregrinación más famosa del mundo, hacia La Meca, es de 1,5 millones de personas, y se caminan 50 km a lo largo de cuatro días.
Tal como advirtió Perón en el cierre del Congreso Nacional de Filosofía de 1949: «El hombre puede desafiar cualquier contingencia, cualquier mudanza, favorable o adversa, si se halla armado de una verdad sólida para toda la vida».
Esa verdad es el ancla. Permite comprender que la Nación no se agota en una delimitación territorial, sino que remite a una patria espiritual, enraizada en el Reino de Dios, que le da sentido trascendente a la existencia y fortaleza interior para resistir.
De esa fe viva brota la única identidad política que ha quedado en pie: un nacionalismo auténtico, popular y continental, arraigado en nuestro propio suelo y dispuesto a enfrentar a la plutocracia internacional y a sus vectores locales.
En medio de esta devastación escatológica, la tormenta no pudo apagar el fuego sagrado de los argentinos. Se podría decir que incluso, terminó por avivarlo.
https://existenciayliberacion.wordpress.com/2026/10/15/escatologia-simulacro-y-catacumbas/