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Malvinas y la ilisuón de los aliados
Muchos argentinos que vivieron la guerra de 1982 parecen haberse olvidado demasiado pronto lo que ocurrió con la alianza entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Por eso me resulta llamativo el entusiasmo con el que algunos reciben ahora las declaraciones de Donald Trump sobre Malvinas, como si una frase del presidente estadounidense pudiera acercarnos automáticamente a la recuperación de la soberanía.
02/09/2026
Por Silvina Batallanez
Muchos argentinos que vivieron la guerra de 1982 parecen haberse olvidado demasiado pronto lo que ocurrió con la alianza entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Por eso me resulta llamativo el entusiasmo con el que algunos reciben ahora las declaraciones de Donald Trump sobre Malvinas, como si una frase del presidente estadounidense pudiera acercarnos automáticamente a la recuperación de la soberanía.
La ilusión también alcanza al presidente Javier Milei, que interpreta estas declaraciones como un avance decisivo para la causa argentina. Pero la soberanía no se recupera mediante declaraciones. Se construye y se disputa en el terreno de la diplomacia, los intereses estratégicos, la geopolítica y especialmente desde el poder de disuasión que, por supuesto, no tenemos.
Trump no dijo que las Malvinas sean argentinas ni anunció que Estados Unidos vaya a exigirle al Reino Unido que las devuelva. Dijo que está revisando la posición estadounidense sobre las islas. Y el contexto en el que aparece esa revisión es lo más significativo: Washington está presionando a Londres para que aumente sus gastos cumpliendo así con sus compromisos dentro de la OTAN. La cuestión Malvinas aparece entonces como una herramienta de esa presión, lo cual convierte a nuestra Causa Nacional en una carta banal que nos falta el respeto a los argentinos.
Creo que quienes sostienen que a través de Estados Unidos vamos a recuperar las islas evitan hacerse una pregunta lógica e incómoda: ¿Trump está defendiendo la soberanía argentina o está utilizando Malvinas para presionar a Gran Bretaña? La diferencia en la respuesta no es menor.
Es cierto que Argentina puede y debe aprovechar cualquier grieta entre Washington y Londres. Sin embargo una cosa es aprovechar una disputa entre dos potencias y otra muy diferente es creer que una de esas potencias está actuando por nosotros.
La historia de 1982 debería habernos vacunado contra esa ingenuidad de la que fue víctima la Junta Militar que decidió la Recuperación. Porque lo que les costó entender (y aún les sucede a muchos) es que Estados Unidos no era aliado de Argentina, nosotros siempre estuvimos sometidos a sus intereses. Pero el Reino Unido de Gran Bretaña si era y es aliado de Estados Unidos. Entonces, cuando llegó el momento de elegir, Washington respaldó obviamente a Londres. La relación estratégica anglo-estadounidense pesó más que la relación que Argentina CREÍA tener con Estados Unidos.
Por eso resulta peligroso volver a depositar nuestras esperanzas en la voluntad de una potencia extranjera.
Frente a la relevancia mundial que las Malvinas tuvieron tras el mundial, Trump simplemente está haciendo una guerra de propaganda utilizando Malvinas para negociar con Gran Bretaña. Por eso entusiasmarse creyendo que estamos avanzando hacia la soberanía es no entender nada de geopotica y no haber aprendido nada de la historia.
Y la causa Malvinas merece algo más que entusiasmo superficial ante una declaración presidencial que se desdice a cada rato desde su histrionía. Merece inteligencia estratégica y no tenemos políticos en la mira con esa capacidad.
En geopolítica, las palabras importan, pero los intereses importan mucho más, con lo cual, lo más acertado en este ofrecimiento de espejitos de colores a los argentinos -teniendo en cuenta la doctrina Donroe-, es que EE.UU. busque quedarse con nuestro sur insular en una negociación que haga que a los ojos del mundo las islas vuelvan a nosotros pero en realidad queden en manos de los norteamericanos para volverse a aliar con su madre Gran Bretaña y así beneficiarse juntos de lo que significa nuestro territorio austral.
La hipótesis de recuperar las islas a través de Estados Unidos es tan falsa como tiernamente inocente.