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"San Martín no fue masón: fue un católico practicante y el primer abanderado de la Tercera Posición"
El militante peronista Abel Almeyra repasó, en el programa Soberanía y Debate, la polémica sobre la supuesta pertenencia del Libertador a la masonería. Con cartas y biografías de época, sostuvo que no existe una sola prueba documental de esa vinculación y que San Martín fue "un hijo sincero de la Iglesia Católica" que integra, junto a Rosas y Perón, la tríada histórica de la línea nacional argentina.
20/08/2026
Por Lumpen Redacción
— ¿Por qué cree que en los últimos años volvió a instalarse la idea de que San Martín fue masón?
—Empezamos a verla hace unos años en medios como Infobae, en capítulos de Felipe Pigna con Pergolini. Es una corriente deliberada que apunta a los tres pilares de la argentinidad: San Martín, Rosas y Perón. La explicamos desde el concepto de sinarquía internacional, que Perón definía como el acuerdo circunstancial de factores de poder —masonería, liberalismo, marxismo, sionismo y sectores de la Iglesia— para eliminar a un tercero en discordia, como pasó en 1955 y en 1976.
— El argumento más citado es el llamado Plan Maitland, que San Martín habría conocido en Londres en 1811. ¿Qué encontró al investigarlo?
—El plan, escrito en 1800 por un teniente general escocés, guarda similitud con la campaña sanmartiniana, pero en la correspondencia de San Martín, que llenaría una biblioteca, no hay una sola mención a Maitland. El propio Rodolfo Terragno, autor del libro que popularizó la hipótesis, escribe "pudo conocer el plan": el verbo "poder" expresa incertidumbre, no certeza documental.
— ¿Y la Logia Lautaro, en la que sí participó?
—Ahí está el error de origen: confunden la Logia Lautaro con la masonería. Era una logia cívico-militar secreta, sin los toques ni las ceremonias masónicas, algo comparable a las organizaciones secretas de la resistencia peronista. Y los propios masones admiten que no tienen pruebas: uno, Gran Maestre del grado 33, buscó documentos por toda Europa y no encontró nada, y le echó la culpa a que los nazis los habían quemado; otro sostuvo que fue el propio San Martín quien destruyó su documentación antes de morir. Entre una versión y la otra, no hay una sola prueba concreta.
— Frente a esas conjeturas, ¿qué evidencia documental respalda su catolicismo?
—Es uno de los datos más sólidos de su biografía. Fue bautizado a los pocos días de nacer en Yapeyú. Tomó a la Virgen del Carmen como patrona del Ejército de los Andes y usó su escapulario hasta el final de su vida. Antes de casarse con Remedios de Escalada se confesó y comulgó, cumpliendo el ayuno previo, algo que un masón jamás haría. Herido en Bailén, una religiosa le regaló un rosario que él conservó años y luego regaló a Manuel Olazábal. Historiadores como Ricardo Rojas, que no era masón, escribieron que hace falta "estar cegado por la pasión de secta" para llamarlo masón pasando por alto esas pruebas.
— Perón, en cambio, en un célebre reportaje de los años 70, no lo nombra entre los referentes de la línea nacional. ¿Cómo lo explica?
—Esa lectura es parcial. En otros discursos, como el del 27 de enero de 1949, cuando lo llama "héroe máximo entre los héroes y padre de la patria", Perón lo ubica sin dudas en la línea nacional, hispánica e independentista, opuesta a la línea colonial, anglosajona y masónica. San Martín, Rosas y Perón representan tres etapas victoriosas de esa misma línea.
— Usted también vincula a San Martín con la Tercera Posición peronista.
—Sí. En cartas de 1848 y 1849 a Ramón Castilla, presidente del Perú, San Martín critica a "una minoría despreciable por sus máximas subversivas" que amenazaba a Francia, en referencia a comunistas y socialistas, y defiende el orden, la religión y la familia. Es el mismo San Martín anticomunista y antiliberal que, junto con Rosas, levanta —antes que nadie— la bandera que Perón formalizaría después de la Segunda Guerra Mundial.